Mis opiniones poco populares.

Me vais a perdonar, pero hoy me siento delante del ordenador triste y angustiada. Es muy raro en mí que me encuentre en este estado, pero a veces la incredulidad y el desasosiego le pueden a una.

Ya os he contado en alguna entrada al blog que me diagnosticaron en el año 93. En aquellos años los celíacos éramos más o menos marcianos que bajaban a la tierra a desconcertar a cada una de las personas que teníamos a nuestro alrededor. Cuando tú le decías a alguien que eras celíaco y le contabas lo que te pasaba si te comías un poco de pan le dejabas casi al borde del espasmo, luego ya lo asimilaban y, o bien te crujían a preguntas, o bien le quitaban importancia con el consabido “no será para tanto” que ya todos conocemos.

Sabemos que si un celíaco lleva una dieta de no consumir gluten, va a estar bien y es esa dieta sin gluten nuestra salvaguarda para no ponernos malitos y la que haga que nuestras defensas no se vuelvan locas y ataquen a otros sistemas de nuestro cuerpo (endocrino,nervioso, circulatorio, respiratorio…) por sentirse agredidas. Esto, aunque sea así y podamos llevar una vida normal , en cierto modo nos convierte en enfermos, me refiero a enfermedad como limitación, como algo que vamos a llevar todos los años al gastroenterólogo para que nos haga análisis y nos suponga tener el sistema inmune deprimido y que nos pasen cosas, como por ejemplo, el hecho de no poder ser donantes de médula, porque una médula nuestra no es viable para ser trasplantada por el estado de nuestras defensas.

Hay más gente que tiene problemas con el gluten, los hay alérgicos, los hay sensibles, también hay otras enfermedades que parece ser que los pacientes mejoran al seguir una dieta libre de gluten… Y luego está esa gente que se ha dedicado a sobreinformarse sobre ese “demonio” que es el gluten y de una manera completamente irracional, se han quitado esa proteína porque piensan que viene del mismo averno. “La palabra pan viene de eso, de quedarse empanado, ése es el efecto que hace el gluten en un cerebro”, dice un médico rehabilitador.  No les interesan ni las evidencias médicas, ni nada que tenga que ver con ciencia, sólo saben que el gluten es malo porque de repente crecen las publicaciones sin ningún tipo de rigor  en las que se reza en contra del demoníaco gluten.

Para colmo, el mundo de la hostelería, revistas de moda , marcas de ropa, se hacen eco de este filón y se unen en un círculo infinito en el que de repente, todo lo sin gluten mola y es sano (?).  Así pues, nos encontramos con pantalones aptos para vegetarianos, veganos y celíacos, camisetas que promulgan “I am gluten free” (y molo), o bien esos cientos de cafeterías y restaurantes en los que anuncian que tienen menú sin gluten y luego resulta que nada es apto para celíacos.

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Quiero hacer una reflexión seria como hace mucho tiempo que no hago por aquí, detrás de cada persona que tiene un problema con el gluten, como cualquiera que tiene un problema con cualquier otra enfermedad crónica, hay una lucha. En el caso del celíaco, sensible al gluten, o cualquiera que tiene problemas con la dichosa proteína de marras, es el hecho de que no hay un día que no tengamos que contar lo que nos pasa, no hay día que no tengamos que mirar el etiquetado de un producto, no pasa una semana en la que tengamos que preguntar en un bar si para cortar la tortilla de patata usan el mismo cuchillo que para cortar el pan…En resumen, la lucha por la concienciación de todo el mundo sobre algo que nos va a acompañar toda nuestra vida y por el abaratamiento de unos productos que no son muy sanos nutricionalmente, que todavía están muy alejados de ser competitivos y que para colmo no son especialmente accesibles a todas las carteras (incluso en tiempos de crisis, el celíaco es rico). Por otro lado nos toca luchar con gobiernoS que nos abandonan y que hacen como que no existimos, que no se responsabilizan de darnos ningún tipo de garantías, que todavía no proporcionan una lista de productos sin gluten pública… Eso por no nombrar a esa parte del personal sanitario que no nos conoce, que nos manda medicamentos que no podemos tomar, que todavía se extrañan cuando llega un celíaco a la puerta, o ven ciertas carencias vitamínicas y no saben a qué pueden deberse.

Lo curioso es que como con nosotros las farmaceúticas no pueden lucrarse todavía demasiado, se lucran marcas de ropa, revistas de moda, “glutensanos” que van contando sus experiencias sin comer gluten en las que adelgazan mogollón (no será porque coman productos sin gluten, si no porque no comen harinas), curanderos como Txumari Alfaro que dice que cura la celíaca en dos sesiones en su consulta en una televisión pública.

Estaba pensando yo esta mañana, en la que me he levantado un poco díscola, que me hace gracia que lo mismo que pasa con éste problema, pasara con otra enfermedad: “Hoy me he levantado creativo y me apetece darme un chute de ventolín porque dicen que es bueno para los pulmones así en general y para todo el mundo”, ” Creo que en las camisetas de nueva temporada voy a poner  I am cortisone” o “voy a crear unos pantalones aptos para gente con la tensión alta y con riesgo a padecer infarto”.

Decía yo hace tiempo por twitter que esto cuando era pequeña no pasaba y es cierto, era una marciana que suscitaba muchas preguntas, pero al menos no me tomaban a broma grandes marcas, restaurantes, bares…

Un saludo y un superbeso sin gluten (pero de verdad, ¿eh?).

Celiacaloca, para servirles a ustedes.

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Fritada aragonesa.

Retomo una entrada que hice hace tiempo en mi página de facebook para poneros por aquí la receta de la fritada que hace mi abuela. Después de algunas pruebas la he mejorado para que se parezca mucho más a la que hace mi yaya (aunque considero que es inigualable).

Os copio la entrada que hice en facebook pero los ingredientes los he actualizado.

Ayer en un momento de melancolía me puse a hacer una receta de mi abuela. Es muy sencilla y completamente apta, ya que todos los ingredientes son sin gluten.
– 3 patatas medianas
– 1 pimientos verdes
– 1/2 cebolla dulce grande
– 1 calabacín grande
– 2 tomates
– dos huevos
– 1 lata de atún en escabeche
– Aceite de oliva
– Sal.
Pelamos bien todas las verduras y las cortamos en trocitos muy pequeños. Luego las echamos en la sartén grande en la que hemos puesto aceite a calentar y le añadimos la sal, al principio ponemos el  fuego alto y cuando pase un ratito desde que hemos echado todas las verduras se baja a fuego medio y se deja rehogar hasta que todo esté blandito y se quede como una especie de pisto, hay que removerlo de vez en cuando para que todo se mezcle bien. Cuando tiene esa textura y está todo bien mezclado, se echa la lata de atún. Un rato después se baten dos huevos, se rompen en las verduras y se mezcla todo bien.
Y tachán! Esa es la receta de la fritada de mi abuela.

*Os recomiendo que a la hora de echar las hortalizas pongáis primero la patata, ya que es la que más tiempo tarda en hacerse, a continuación el calabacín y después todo lo demás.

¡Espero que os guste!

 

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Un abrazo muy fuerte de vuestra celíaca más locuela.

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Celilocos

Imaginemos por un momento esa típica escena de una madre pidiéndole a su hija, antes de que se vaya al cole, que compre el pan cuando termine. Dan la una y la niña sale de clase, obediente se acerca a esa panadería/pastelería donde la conocen porque debe ser clienta habitual. Desde el interior del mostrador se escucha una voz que le dice: “¿Vienes a por tu barrita?”. La niña se va a comer a casa encantada y dando saltos, puedo incluso intuir que le ha pegado un pellizco al pan para probarlo antes de llegar a casa.

Calificaréis esta escena como de monótona y de aburrida y no es en vano, es cotidiana, diaria, muchos me diréis que era algo que aborrecíais si os tocaba hacerlo de pequeños… Ahora deteneos un momento, os voy a contar algo que hace que esto sea menos habitual de lo que pensáis. La niña que sale de esa tienda es celíaca, no estaba para nada acostumbrada a que eso suceda, de hecho ha tenido una suerte inmensa de que hayan abierto un obrador cerca de su casa donde puede comprar el pan recién hecho y pegarle un pellizco mientras está llegando a casa.

Esta mañana he presenciado esa escena en Celilocos. Celilocos es un obrador reciente que ha abierto en el barrio de Vallecas que está especializado en hacer productos sin gluten artesanos. Tienen pan (delicioso, doy fe), magdalenas, rosquillas, bollería artesana, pastas, tartas… Os contaré también que por encargo hacen productos para gente que, a parte de celíaca tiene más intolerancias alimentarias, cosa que me ha gustado mucho saber.

Me han contado que sus hijas son celíacas y que conocen perfectamente los problemas que tenemos para encontrar productos artesanos y sanitos. Están muy enterados y concienciados, cosa que da gusto porque no hay que dar ningún tipo de explicación.

Ha sido una experiencia buenísima, la verdad. Sé que voy a volver muy habitualmente porque ha sido muy placentero encontrar una tienda así en el barrio. ¡Muchas gracias, Celilocos!

Os dejo el link de su facebook para que cotilleéis, pero de verdad os digo que  lo mejor es ir.

CELILOCOS

 

Celilocos se encuentra en la calle Carlos Solé nº6, metro Buenos Aires en la línea 1.

¡Encantada de recomendaros un sitio más!

 

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Creo que no me gusta ser celíaca

Hay acontecimientos, pequeñas tonterías, detalles vitales  que poco a poco van dejando una mella en la persona que somos y nos hacen reflexionar sobre algunos aspectos de nuestra vida. Esta vez me ha tocado pensar muy a fondo sobre una de las cosas que me definen, el ser celíaca.

De entrada diré que ser celíaco no es ni bueno ni malo. Tiene cosas malas, que desafortunadamente son las que más contamos y las que, por lo general, más nos dedicamos a dejar patentes. Pero también tiene sus cosas buenas, hablaría aquí del sentimiento de querer ayudar al prójimo, de la comunidad que creamos, de la fidelidad con la que nos vinculamos a los sitios donde somos bien atendidos… En fin, haría una larga lista de cosas buenas y que también, como un ejercicio de salud, creo que deberíamos de hablar porque nos da un ánimo extra para seguir en este mundo sin gluten con ganas de pisar fuerte y con ánimos para ayudar a que todo esto mejore.

Hoy había un tt muy inspirador en twitter, era algo así que rezaba como #MensajeParaElNiñoQueFui que me ha hecho mirar hacia atrás y ver cómo ha mejorado todo esto, cómo se nos abren puertas poco a poco a todos los niveles y, sobre todo, poder decir que de pequeña nunca imaginé que iba a estar tan a gusto disfrutando de una cerveza en un bar con mis amigos o tapeando por el centro de Madrid sin preocuparme de cómo van a estar mis análisis en un año (aunque he de reconocer que es una paranoia que nunca se termina de ir).

Ahora viene la parte en la que reflexiono sobre si mi condición de celíaca me gusta o no. Pues he de decir que no, por mucho que lo lleve bien, con ganas de expresarme, con ganas de luchar, con mucho sentido del humor y con mucha sonrisa porque considero que es esencial, no es algo que pueda decir que me guste. No me gusta esa parte en la que voy a un restaurante y tengo que recalcar que el plato que quiero está en la carta sin gluten por si se despistan (no por nada, simplemente porque empatizo con la carga de trabajo del camarero, cocinero y demás y pueden equivocarse), tampoco en la que me llaman maniática porque quiero evitar que se me caiga una miga de pan en mi plato, me entristece que me pregunten si algo lleva gluten y automáticamente miren los ingredientes para corroborarlo porque no pueden creérselo. Tampoco puedo creerme esa parte en la que en una celebración me ponen lo que puedo comer en la otra punta de la casa, más que nada porque me pierdo lo que de verdad me importa que es socializar y ver a la gente que quiero. Por último decir que me resisto interrumpir en un plan en el que se incluye comida porque me imagino a la gente de mi alrededor pensando: “ya está la de la puntillita diciendo que ahí no puede”.

Resumiendo, es un hecho que desbarato planes, sé que ponemos a nuestro círculo más cercano en situaciones más que límite y a los distintos agentes del mundo de la hostelería y la restauración también, no puedo evitar querer meterme debajo de una baldosa cuando hago más de una pregunta en un restaurante al que me ha tocado ir. Personalmente, no me es cómodo. No me es cómodo porque a menos que sea un lugar muy concienciado y muy hecho a nuestra imagen y a nuestro problema, sabes que te van a tratar como alguien peculiar y a la gente peculiar, o se le trata con miedo, o con excesiva amabilidad (he de decir que no me gustan ninguno de los dos puntos, como diría Mecano “Sólo soy una persona”).

Por éstas cosas no me gusta ser celíaca, me gustaría que me contáseis cómo vivís estas cosas que ya tienen más que ver con el ámbito social del celíaco. Lo mismo me ayudáis a ver las cosas de otro modo o bien os identificáis con lo que os cuento que es el punto del bicho raro que parece que nos persigue.

¡Un besérrimo a todos!

Hacía mucho que no escribía, ¿no?. ¡Madre mía, me merezco un pescozón!.

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Sana Locura

Hace muchísimo que no escribía en el blog. Ciertamente he estado un poco apática en todo este tiempo y no se me ocurría nada digno sobre lo que escribir (pero porque mi situación personal tampoco ha hecho que me emocione con nada).

Sigo a mucha gente en twitter, tanta que a veces me vuelvo loca, pero creo que en muchas ocasiones el esfuerzo merece la pena cuando a fuerza de recomendaciones, un “pío pío” dirige tus pasos hacia sitios estupendos que sin duda se convertirán en referencia futura y recomendación incesante hacia quien me pida opinión.

Esta vez mis pajaritos de twitter me pusieron miguitas (sin gluten, claro) para que llegara hasta una pastelería, panadería, cafetería que se llama Sana Locura. Me tiré un tiempo queriendo ir, la verdad, se juntaron esas coincidencias del destino que no te dejan ir donde quieres cuando quieres, pero al final, me decidí a ir y allí me planté. Os diré que mis ojos y mi boca se cayeron al suelo de pura sorpresa. Cuando llegué y vi ese escaparate sin gluten casi me da un síncope. Tienen esos productos que comía antes de ser diagnosticada ( y de los que todavía no he olvidado el sabor). En mi caso, encima, coincide con esas maravillas que te recuerdan a la infancia (y con eso ya sabéis que no se puede luchar).

Los ojos se me fueron directos a los bollos y me compré un cruasán, una palmera y una barrita de pan. Deciros que tuve desayuno para dos días y son dos días que recordaré por mucho tiempo porque me recordaron sabores de antaño y que me eran muy ricos y agradables.

Ell@s además son un amor, además de tener la tienda también hacen cursos de cocina de vez en cuando.

Por mi parte, sólo me queda dar las gracias. Dar las gracias porque siga habiendo gente que de una manera fiel y seria nos abre un mundo a los celíacos y nos da la posibilidad de elegir en un mundo que tiene poquito de elección y que afortunadamente crece.

 

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Feliz año nuevo celíaco

Pienso en que pasa otro año más y que es el segundo que os felicito desde aquí y se me pone la carne de gallina de emoción.

Este año la verdad es que he estado poco por aquí, 2015 ha sido un año en el que para bien o para mal he estado muy ocupada y, la verdad, es que os he tenido bastante desatendidos (os pido perdón por ello).

2015 ha tenido de todo, desde los mejores momentos hasta los peores, momentos sorprendentes, momentos de monotonía, momentos que parecían repetirse día a día… Como cualquier año, ha sido diverso y me ha hecho aprender más cada día y eso es algo que siempre me gusta.

Me ha gustado continuar con las expediciones celíacas, me ha gustado poder disfrutar de esos amigos que demuestran ser los mejores cuando no ponen ninguna objeción en comer en sitios donde los celíacos podemos comer, también el poder disfrutar del conocer sitios nuevos, de que Celivampi se haya hecho un gran book de fotos a fuerza de conocer sitios aptos, de que cada vez suene menos a chino nuestra condición, de que empecemos a ser un ciudadano más poco a poco y de que, gracias a dar la cara como celíaca por las redes, estoy conociendo a gente estupenda en este viaje a la que no pienso dejar pasar.

Llega el 31 y reflexiono sobre lo novedoso que resulta este mundo en el que cada día se ven recetas nuevas, se entera de sitios donde se puede comer, recibe un buen consejo, experimenta con algo nuevo en la cocina… Si lo miramos desde ese punto de vista, no es mal mundo el celíaco, ya que si se es optimista, es un Planeta Tierra nuevo donde hay mucho que descubrir y mucho a lo que llegar porque estás seguro de que cada día vas a experimentar una nueva noticia que te hará ver las cosas de un modo distinto.

Para 2016 pido que esta tendencia vaya en alza y que todo sea un poco más justo, que todo lo que tenga que ver con nuestra comida no suponga un ejercicio económico extra para el celíaco,  que el mundo de la hostelería se termine de concienciar de que somos buena gente y que solemos ser gente muy agradecida y muy fiel cuando encontramos un sitio del que podernos fiar y de que aunque haya gente que decida comer sin gluten porque es más sano, o no, que tengan un especial cuidado con nosotros y no se dejen llevar por modas que a la larga pueden perjudicarles.

Por lo demás, me gustaría pedir una sanidad pública concienciada que nos adopte y nos ampare más de lo que hace. Entiendo que las asociaciones han hecho un buen trabajo pero sanidad debe darse cuenta de que existimos y debería de acogernos un poco más, ya no me refiero al diagnóstico ni al mantenimiento, si no a ayudarnos a mantener una calidad de vida digna y a ayudarnos a visibilizar lo que nos pasa, ya que esto es algo que no elegimos en ningún momento.

Para despedirme, dar las gracias. Doy las gracias a todos aquellos que perdéis el tiempo leyéndome, a los que sabéis de mi existencia y estáis pendiente de mí en las redes. También a todo ese alrededor mío, concienciado o no, que lucha conmigo en este tren y que me ayuda sobrellevarlo lo mejor posible, a esas tiendas, reposterías, bares, restaurantes, que deciden dar la cara por nosotros y nos dicen que no es tan difícil y que nos ayudan a comer diariamente con tranquilidad.

A todos, a todos vosotros gracias, muchas gracias por hacer de este mundo un mundo por el que dan ganas de luchar y un mundo en el que hay alternativas. Hace años esto no estaba tan claro y ver tantas mejoras me da un vértigo que me llena de optimismo.

Un gran beso y un abrazo enorme a todos.

Gracias por ir en este barco conmigo.10934282_10152658193749220_728998856_n

 

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Tarde de miedo en la despensa de Lucía.

Ayer tuve el honor de que me invitasen a un taller de cocina #SinGluten, #SinHuevo, #SinLeche, #SinFrutosSecos, #SinSoja en la Despensa de Lucía, ese sitio donde todos comemos de todo. 🙂

Bárbara de vez en cuando monta talleres de cocina en su tienda los sábados por la tarde. Yo la verdad es que no había ido nunca porque las circunstancias siempre me habían sido adversas y nunca me había podido pasar, pero en esta ocasión no me pude negar porque Bárbara me invitó para que viviera una experiencia en la tienda y viera cómo son los talleres de cocina que hace.

Mi impresión es que Bárbara busca, disquisiciona, piensa, razona y se deja la sesera para adaptar ingredientes y que ninguno tengamos ningún tipo de problema para comer las recetas que nos sugiere. Busca elaboraciones fáciles y accesibles, con ingredientes y utensilios que todo el mundo tenemos en casa y que son de uso y consumo habitual. Cosa que se agradece porque muchas veces el celíaco siente vértigo a la hora de mirar recetas porque parece que todos tenemos que tener un doctorado en química para poder cocinarnos cosas y eso a veces nos coarta. Os diré que Bárbara hace las recetas mientras responde nuestras dudas y nos hace partícipes constantemente de la elaboración de los productos. Además, nos deja cotillear, oler y tocar masas y consistencias para  saber distinguir cuando está listo todo para poder pasar al siguiente paso en la elaboración de la comida.

En el caso del taller de ayer, Bárbara nos enseñó a hacer masas de pizza y cupcakes. Como ya os he dicho, estas cosas que parece que pueden ser complicadísimas de repente pasan a ser facilísimas y te dan ganas de ponerte a prepararlo en ese mismo momento (de hecho se que alguno cenó pizza ayer por la noche :)).

Como tenemos muy cerquita Halloween la cosa es hacer un taller terroríficamente divertido y así fue, tanto las masas como los cupcakes tenían formas de mieditos para ambientar la fiesta que viene dentro de dos semanas y nos reímos mucho con las ocurrencias de los adornos que nosotros mismos hicimos en las cupcakes.

No os daré recetas, eso se queda en nuestros secretos más secretos y entre los que asistimos ayer a la fiesta. Pasaos la próxima vez porque de verdad, merece la pena. Es una experiencia de la que uno sale satisfecho y empoderado y con el sentimiento de haber pasado una tarde provechosa y muy divertida.

¡Por cierto, aprovecho esta entrada para deciros que Celivampi cumple años dentro de nada!. ¡Habrá que hacer algo especial!.

¡Un abrazo a todos!

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