En la variedad es donde está el gusto.

La adolescencia es, sin duda, uno de los momentos más duros en la vida de una persona. A esas edades necesitamos identificarnos con un grupo para no sentirnos solos en nuestras divagaciones personales en las que nos vamos convirtiendo en adultos y no nos gusta nada.

El celíaco cuando empieza a salir con sus amigos fuera del barrio ya va dando la nota. Somos gente rara que parece que no se fía ni de nada ni de nadie y miramos los ingredientes de  las bolsas de chucherías con recelo. Para colmo, siempre tenemos algún amiguete que nos quiere ofrecer un trozo de bocadillo porque en ese momento no cae en lo que nos pasa ni en que tienen un perro verde como amigo, pero en mi caso siempre me lo he tomado con sentido del humor, además,  he de reconocer que me he sentido muy apoyada, mi alrededor asumió sin entender y me ayudó mucho desde mis inicios.

También son de rememorar aquellos momentos en los que nos metemos por primera vez  en restaurantes. Ahora es algo que da gusto, pero hace tiempo éramos los tristes que acompañábamos a los amigos a las hamburgueserías y nos tomábamos un refresco por no hacerles el feo. Ahora nos facilitan algo que para mí es fundamental, la integración. El hecho de que nos podamos tomar una hamburguesa con el resto de nuestros amigos es algo que nos causa una sonrisa de satisfacción plena. En los celíacos que llevamos muchos años diagnosticados  se ve incluso el proceso de llamar por teléfono a algún amigo y decir: ¡Me he comido mi primera hamburguesa en Mcdonalds, el cielo existe y yo estoy en él! (y en mi caso tenía ya la friolera de treinta y un años cuando hice la dichosa llamadita).

Como dijo alguien al que quiero mucho, los celíacos somos espantapájaros rodeados por un campo de trigo. En nuestro caso, ese trigo nos amenaza constantemente, pero no por ello se tiene que cometer el error de crearnos una burbuja ni hacernos creer en la asepsia de un mundo sin gluten. Lo primero que tenemos que comprender es que el gluten es una proteína que en realidad es necesaria para el ser humano. Pero nosotros tenemos una peculiaridad que es la de no tolerarlo. La burbuja es la que nos hace apartarnos del mundo y que nosotros seamos los primeros que nos marginemos de nuestro entorno, cuando éste suele ser agradable y suele querer adaptarse a nosotros con todo el cariño (me refiero aquí a familia y a amigos). Cierto es que somos raros, pero no se nos puede olvidar que somos raros rodados de gente con sus propias rarezas  y eso es lo que realmente nos hace grandes.

Espero que ese apuro de comer gluten ante un celíaco se vaya perdiendo con el tiempo, entiendo que los alimentos con gluten son encima los más apetitosos y tras los que se suelen ir los ojos y esto no facilita nada la situación, pero por experiencia digo que lo importante es que . el celíaco no coma lo que no puede y que sea consciente de lo peligroso que puede llegar a ser que ingiramos gluten.

¡Un saludo a todos!.

¡Hoy toca Gino’s!

 

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