Otra entrada más del DICCIONARIO CELÍACO.

Buenísimas tardes a todos, que conste que por ser el día que es estoy escribiendo la entrada de hoy con Thriller de Michael Jackson para ver si soy capaz de inspirarme.

La entrada de hoy me ha venido a la cabeza por un hashtag que se me ocurrió poner en twitter estos días de atrás #TerrorCeliaco en el que enumeré aquellos momentos en los que un celíaco pasa miedo sin necesidad de ser halloween. Os pondría miles de ejemplos, pero los grandes clásicos son aquellos en los que generalmente hay migas de por medio. Aquella en la que nos pasan una manga por encima de nuestro plato y vemos que hay una miga colgando, momentos despistados en los que te ofrecen algo con gluten, te pilla en los cerros de Úbeda, en un principio acabas accediendo a probar y luego tienes que hacer una cobra repentina y educada, eso por no hablaros de cómo se nos ponen los pelos cuando oímos la secuencia de palabras “harina volátil” que ya es que como que el estómago se nos hace bola.

Creo que de todos esos momentos el que se lleva la palma es el de entrar en la tienda habitual donde compramos los alimentos sin gluten o nos acercamos a la zona del super donde suelen colocarlos. Ahí es cuando cualquier celíaco piensa que ha entrado en la casa del terror cuando ve los precios de nuestra comida y ante la cosa de no poder salir corriendo se resigna ante la mordida vampírica de este mundillo nuestro. (Que sepáis que soy consciente de que no sois vosotros, tiendas y supermercados los que ponéis los precios pero tenéis que entender los pequeños botes que pegamos a veces).

Pues a fuerza de escribir este hashtag de #TerrorCeliaco y enumerar estas gracietas celíacas hubo un usuario que se hace llamar @Guioltomaltes que contestó de una manera que me encantó a todo esto, describiendo a la perfección la sensación de todo celiaco que se enfrenta a cualquiera de estas cosas. Así pues,y de nuevo, tenemos una palabrita que empieza por la letrita:

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Y esa palabrita es Glutenween

Os puedo asegurar que me ha encantado como compiladora y recopiladora oficial de todos aquellos momentos en el que un celíaco pasa miedo por miles de razones que pueden ir desde comerse algo sin querer, haber estado a punto de comerse algo sin querer, ver migas en la mesa donde vamos a comer, ver migas en la ropa de la gente que come a nuestro lado, ver cómo han harinado algo con harina de trigo mientras se estaba preparando algo para tí, ver con temor ese trozo de pan que ponen en la barbacoa mientras están nuestras cosas haciéndose (apuntaban también por twitter), o bien, ese momento trágico en el que alguien moja pan en la ensalada antes de que termine y te dejan con las ganas de seguir cogiendo trozos de lechuga.

Espero que os haya gustado esta entrada del diccionario celíaco y haberme leído una vez más.

En la siguiente entrada del diccionario celíaco esa expresión de impotencia que yo me inventé de: “Ganas tengo de comerme un bocata de croquetas con filetes empanados”.

¡Un beso sin trazas a todos!

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Expediciones sin gluten vol.1

Ya os he hablado en el blog de aquella tienda a la que me voy a abastecer de productos sin gluten que está en mi barrio que se llama “La despensa de Lucía”. Pues resulta que nos hemos ido a juntar un par de liantas y uno de los propósitos que nos hemos hecho es ir una vez al mes de expedición celíaca.

Por aquello del se dice, se cuenta, se rumorea, nuestra primera expedición celíaca ha sido hoy. En este caso la razón que nos movía es que por lo visto, en un sitio relativamente cercano a nuestro barrio, hay un bar en el que ofrecen comida para celíacos, así que sin pensarlo mucho nos hemos puesto el mundo por montera y nos hemos dirigido hasta allí.

El sitio se llama Asador Gallego y está en el barrio de Vallecas, nos hemos pasado por allí porque nos había llegado el rumor de que los dueños (María y José) tienen una hija celíaca (ésta de verdad, no como la del dueño de Mercadona) e intentan hacer menús para celíacos para ponérnoslo fácil  . Os contaré que nos hemos sentado tranquilamente en la terraza y nos han ofrecido el menú del día señalándonos lo que era apto para celíacos y lo que no, incluso nos han comentado que un bacalao que tenían rebozado lo podían hacer con maizena en una sartén que utilizan en exclusiva para los celíacos con aceite limpio. Tras preguntas del tipo, ¿qué pimentón usáis para las lentejas? o ¿El atún que lleva esta ensalada es al natural? y ver que las respuestas han sido medianamente coherentes hemos pedido los refrescos y nos han servido la comida. En mi caso me he pedido una ensalada y un filete a la plancha con patatas (la señora me ha comentado que tienen una freidora a parte y que siempre cambian el aceite cuando llega un celíaco al bar) y de postre nos han ofrecido un flan casero que hacen ellos sin ningún tipo de harina. Os puedo decir que tenían pan de celíacos (que hasta he podido adivinar la marca) que no me ha supuesto ningún añadido en la cuenta (cosa que en otros lados sí que he visto que pasa).

Puede ser que por culpa del gran tumulto que había en un primer momento en el bar a los dueños se les ha olvidado nombrar que a parte de lo que podían ofrecer sin gluten en su menú del día tenían una carta específica para celíacos donde ofrecían un par de hamburguesas, dos sandwiches y algunas raciones.

Algo bueno que tiene es que es un bar de barrio y el precio ha sido más que asequible, nos ha costado el menú del día ocho euros. Se agradecen mucho estos amagos por parte del mundo hostelero de ofrecernos una opción a los celíacos para que podamos comer fuera de casa, sobre todo cuando se trata de sitios pequeños y humildes que se intentan involucrar para facilitarnos las cosas. ¡Ojalá siga así la cosa y se les empiece a ayudar para que puedan prosperar a todos los niveles por parte de las altas esferas! ya que creo que gracias a esas ayudas todos estos sitios de buena voluntad prosperarán y mejorarán a todos los niveles.

Os dejo unas fotos de lo que he comido hoy y de la carta.

¡Un beso sin trazas a todos!

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Guarrancanadas celíacas.

Hoy es de estos días que saldría corriendo y mataría a alguien si no tuviera algún Pepito grillo que otro que me retuviera en la silla escribiendo esto en lugar de coger un cuchillo jamonero y organizar una masacre. Lo siento, esta vez empiezo la entrada al blog de una manera muy brusca, pero es que no puedo con ciertas cosas. Entiendo que haya gente que lo pueda ver más criticable que otra y puede que me sobreexceda en mi enfado, pero si hay una cosa que me saca de mis casillas del mundo sin gluten son aquellas cosas que no deberían de llevar gluten y lo adquieren en cuanto lo toca el hombre y se mete mano en el proceso de fabricación.

No he hablado nunca de ello y es un tema importante, pero como también es muy recurrente no me quiero parar mucho aquí. En cuanto uno se hace socio de una asociación de celíacos te mandan un libro y una serie de indicaciones que se tienen que llevar a rajatabla. Una de ellas es una lista de alimentos en los que te hablan de alimentos genéricos, alimentos prohibidos o alimentos en los que, en teoría, no tendría que haber ningún problema pero se da contaminación cruzada, o bien se sustituye un cereal por otro que resulte más barato en el proceso de fabricación y no podemos comerlo por eso. Esto no es algo que nos extrañe a los que llevamos tiempo con la celiaquía a cuestas, pero pensar en alguien que no está familiarizado con ello debe dar vértigo y espasmos.

Reconozco que un punto débil que tengo es que pienso en aquellas marcas que hacen que productos que en teoría no debieran de llevar gluten lo lleven por abaratar costes de producción y es que me enervo. No es la primera vez que hablo de ello en este blog, pero es que a mi parecer clama al cielo. Os hablo de casos como el de chocolate, el té, el jamón en dulce, productos que en teoría no llevan nada, nada de gluten van y lo llevan porque si en el proceso de fabricación de chocolate (es un ejemplo) me ahorro costes y en vez de echar tanto porcentaje de cacao lo harino, pues me sale mucho más barato. Os podría contar algo parecido de las infusiones, en sí, las infusiones son un alimento de los que se consideran genéricos, pues a la hora de poner aromas, hay marcas que utilizan aromatizantes que llevan gluten cuando los hay naturales.

No se si es que a las marcas les cuesta mucho asumir que echar este tipo de cosas no es necesario, es más, hace que el producto sea mucho más saludable (y esto es un arma de doble filo, porque eso de que de repente la marca asegure que su producto no contiene gluten y es en teoría más sano les puede dar la excusa de venderlo más caro). Entendería, como es el caso de muchos productos, que se echen conservantes, colorantes, excipientes, edulcorantes, saborizantes, aglutinantes que sirven para que los productos aguanten más, para que tengan mejor olor, para que tengan mejor sabor, que su aspecto sea más bonito, pero también entiendo que todos estos añadidos siempre tienen una alternativa más sana que es la que se les debería de obligar a utilizar ya que sería mejor para todos y aquí incluyo a celíacos y a no celíacos ya que repito, que todo el mundo deberíamos de estar más pendientes de lo que comemos (Y creo que es una reflexión que cada vez se está haciendo más presente en este blog).

Espero que me perdonéis este ataque airado, pero hay veces que se lleva mejor esto que otras.

Un abrazote a todos, en la siguiente entrada espero estar de mejor humor. 🙂

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Cuentos celíacos Vol. 1.

Ayer vi un chiste en las redes sociales en el que Hansel y Gretel miraban la casita de chocolate con desconfianza porque no sabían si tenía gluten o no y no sabían si pasar. Me gustó tanto que me ha dado por pensar sobre qué les pasaría a los protagonistas de los cuentos si fueran celíacos. Evidentemente Hansel y Gretel hubieran huido despavoridos si hubiera resultado que al final la casa de chocolate tenía gluten (lo más probable, por otro lado), pero, ¿qué pasaría con los demás?.

Blancanieves es una celíaca que lo lleva muy bien y la engañan por culpa de que la manzana (producto genérico) no le mosquea lo suficiente y cae ante la tentación de la fruta prohibida. (Lo que nos da a entender lo lista que era la bruja, ya que la llega a ofrecer una magdalena y seguro que Blancanieves no cae tan de lleno).

Caperucita está deseandito librarse de la cestita que le da mamá porque lleva pan para la abuelita y está pensando en las migas y se pone enferma. Evidentemente el lobo la entretiene y acaba peor porque Caperucita, airada perdida, se quiere vengar porque el lobo la entretiene más de lo debido preguntándole si era un poco celíaca, diciéndole que tenía un amigo lobo que se había curado, que su mama loba compra en Mercadona y Caperucita puede comer de todo allí…

Cenicienta no nos puede engañar, sale corriendo del castillo del príncipe cuando entra por casualidad en la cocina y ve que la harina vuela como un Boeing 747.

La bella durmiente es un caso de libro, ni 100 años por pincharse con una aguja de un huso ni nada, todos tenemos claro que lo que le pasa es el síndrome de la fatiga crónica y se lo tiene que hacer mirar por si acaso.

En cualquiera de los casos y por lo que estoy viendo, espero que los príncipes azules sean azules y aseaditos y antes de comerse a besos a nuestras princesas celíacas se hayan lavado los dientes…

¡Espero que os haya gustado esta primera entrada dedicada a cuentos celíacos!

Un abrazo a todo el mundo. Espero que os haya gustado. 🙂

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Reflexiones en las que toca ponerse serio.

Hará como dos días nos han comunicado una noticia sobre la alta cantidad de arsénico (para el que no lo sepa, es un veneno) que han encontrado en el arroz que se utiliza para hacer productos para celíacos. Por un lado me ha preocupado porque no me gusta la idea de que pongan arsénico en nada de lo que comemos (celíacos y no celíacos), pero por otro lado me he sentido impotente. ¿Qué razones mueve a la industria alimentaria a utilizar arsénico en el tratamiento de los productos?, ¿será sólo la punta del iceberg de que comemos cosas a diario que son nocivas para nuestra salud?, ¿por qué se preocupan tan poco por nosotros (y me refiero a todo ser viviente en general)?, ¿por qué sanidad no se hace eco de esto y pone las pilas a los fabricantes?. Me preocupa, la verdad, porque por otro lado se habla de “dosis de arsénico nocivas para el ser humano” y cuentan de que ésto es mucho peor en el metabolismo de un crío que en el de un adulto. He de reconocer que tengo escasos conocimientos sobre cómo funcionan estos compuestos en el organismo, quiero decir, no se si estoy tomando arsénico a diario, ni se si la cantidad de arsénico que como es más de lo que saludablemente puede afectar a una persona, pero no se, creo que desde que soy consciente de mi existencia todo lo que se del arsénico es que es malo, de hecho me le han definido siempre como un veneno hasta en la literatura y en el cine, en la que se ha usado esta sustancia como método para asesinar en múltiples ocasiones.

No quiero terminar esa queja sin hacerme eco de que en cuanto al colectivo celíaco puede resultar un poco peor (aunque ya os digo que esto tendría que hacer pensar a la población en general sobre qué leches es lo que nos están vendiendo). Si estoy un poco más enfadada es por lo caro que nos sale todo lo que comemos, si se mira fríamente es espantoso el pensar que si pagamos los precios desorbitados esos que pagamos es porque en cierto modo estamos exigiendo también una calidad extra en la que la marca nos tiene que demostrar que podemos comer sin ningún tipo de problema lo que nos venden. Pensar que nos gastamos 4 euros en unos cereales que lo mismo me están envenenando poco a poco no se si me compensa, para lo que es lo mismo me como unos cereales que no pueda comer porque total, me estoy envenenando igual.

Espero que sea un bulo o una exageración lo que estamos leyendo estos días con respecto al arsénico, porque me ha dejado muy muy pensativa en cuanto a lo que nos están dando de comer. Acabaremos todos con huertos y granjas propias y en el caso de los celíacos tendremos auténticas plantaciones de maíz y de arroz cultivados por nosotros para que nadie pueda dañarnos.

Creo que tenemos que empezar a ponernos un poco más serios con respecto a todo lo que tiene que ver con la alimentación, el somos lo que comemos no es un tópico y prácticamente el 90% de nuestra salud se debe a lo que ingerimos. Esperemos que cada vez haya más concienciación y nos quejemos más cuando veamos que se nos vulnera en cuanto a lo que nos llevamos a la boca se refiere.

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Y por la letra e….

Un momento difícil en la vida de un celíaco es salir de casa y pensar en un restaurante en el que podamos comer. Sales, te das una vuelta estupenda o ves una peli increíble en el cine y llega el momento de comer por ahí. Ahora porque cada vez hay más sitios, pero esto antes era un armarse de valor e ir comentando sitio por sitio lo que te pasaba hasta que alguien te daba la suficiente confianza porque al menos había oído hablar sobre lo que nos pasa. Aún así y como sabes que en el restaurante, salvo raras excepciones no van a tener nada de pan, ni ningún tipo de pasta, tiras por aquellas cosas que cuanto más en crudito y más a la plancha mejor. El gran clásico ha sido las ensaladas porque parece que son las que nos han dado más tranquilidad y más cuando las aliñan con aceite y vinagre, por supuesto, siempre hay que pedir encarecidamente que laven la sartén antes de preparar lo tuyo y miras ilusionado que no hay mucha gente,  lo que implica que el trato va a ser más personalizado y no se van a volver locos porque el que llega detrás tuyo se puede pedir un filete empanado. Luego te da por pensar en que esperas que el camarero se haya lavado las manos cuando haya empezado a preparar tu ensalada, pero como ha demostrado que más o menos sabe lo que te pasa se confía. Se ha hablado mucha veces de que estamos ante la enfermedad de la confianza y esperas tenerla, porque como no la tengas, secuela fijo.

Lo más divertido y lo más engorroso es que cuando el celíaco pide algo se está una media de  media hora diciendo al camarero ingredientes que no puede incluir en lo que te va a preparar. Una cosa con la que tiene que tener mucho cuidado un celíaco es con las  salsas que puedan poner a la ensalada  porque puede  que no podamos comerlas, pero el auténtico terror viene CON LOS PICATOSTES y a esto es a lo que dedicamos la palabra de hoy.

Con la E tenemos

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ENSALADA BRUTUS (O BRUTO).

Básicamente es la ensalada césar cuando empezamos a discriminar ingredientes porque pueden contener gluten. Ese momento en el que se llega al bar y se empieza a decir: Me quitas la salsa porque no se si puedo comerla, me quitas los picatostes y de paso le quitas la gracia que pueda tener la ensalada, pero aún así, fijaos como somos, que nos hace ilusión pedirla y comérnosla.

Tal denominación procede de largas charlas en twitter y pensar en que qué mejor manera que homenajear a la ensalada césar traicionándola quitándole ingredientes (o la vida) como hizo Bruto con su padre.

Espero que os haya gustado esta denominación. 🙂

Me alegra que me hayáis leído una vez más.

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El cereal del no pero sí y el sí pero no en el diccionario celíaco.

♫Veo, veo,

¿qué ves?

una cosita,

¿qué cosita es?

Empieza por la A,

¿qué será, qué será, qué será?♫

letra A               images

Y por la A tenemos la Avena. No hace falta que os cuente que es uno de los cereales prohibidos para el celiaco, ya que entra en ese grupillo espantoso que a todo celíaco le da miedo al que llamamos TACC (trigo, avena, cebada y centeno), pero, ¿la avena lleva gluten en realidad dentro de su composición?, la respuesta es que NO. Estamos ante un nuevo caso de “guarrindongada” a la hora de procesar un alimento. La avena no tiene gluten de por sí, pero, la manipulan en los sitios donde manipulan el trigo. ¿Caso de contaminación cruzada como una catedral?, por supuesto.

Evidentemente, si se busca se encuentra y para vuestra tranquilidad, existe avena a la que no tratan junto al trigo como si de hermaninos se tratase, ¡pero!, tenéis que tener mucho cuidado, cuando compréis avena tiene que poner expresamente en la bolsa que es libre de gluten y que la marca que la vende se responsabiliza de no procesarla con trigo.

Si pensáis que somos los tontos del etiquetado, la respuesta es que sí, sin duda. No podemos vivir (y creo que nunca mejor dicho) sin leer etiquetados y es por cosas como ésta por lo que se certifica el hecho. En la información está el poder y en nuestro caso no hay nada mejor que un etiquetado correcto para que nos sintamos realizados y seguros.

Un placer de que me hayáis leído en una entrada más. 🙂

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Y por

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