BIZCOCHO DE QUESITOS

No tengo remedio, me pongo a mirar en la nevera y me da por imaginar cómo sabe todo con todo independientemente de que sea dulce, salado, ácido, amargo…

Un día me dio por imaginar cómo quedaría un bizcocho con quesitos… ¡Dicho y hecho!, una que no se amilana ante nada, preparó los ingredientes y se puso con ello. Os voy adelantando que mido en vasos porque suelo ser un poco desastre con las medidas y así os lo cuento mejor.

INGREDIENTES

-Un vaso normal de harina (En mi caso sabéis que es Doves Farm, de la que lleva el gasificante, incluido porque ya le he pillado el punto).

– Un pelín menos de un vaso de aceite de oliva.

– Un pelín menos de un vaso de azúcar moreno.

– La mitad de un vaso de chupito de azúcar blanco.

– Una pizca de sal.

– Dos huevos.

– Un poco de leche (menos de la mitad de un vaso). Yo uso una que tiene Puleva que tiene extracto de nuez.

– Cuatro quesitos (En mi caso de El Caserío)

PREPARACIÓN

Por orden pongo en el bol, los dos huevos, la leche, el aceite, los cuatro quesitos, el azúcar moreno, el poco de azúcar blanco, la pizca de sal y lo batimos todo durante un ratinín.

Luego se va añadiendo la harina poco a poco (Yo suelo hacerlo en cuatro tandas, batiendo entre una tanda y otra bastante rato).

Procedemos a hornear, yo lo horneo durante 45 minutos a 180ª pero a la media hora paso pongo el horno para que sólo hornee desde abajo y así no se nos quema la parte de arriba.

ADVERTENCIAS

No abrir el horno bajo ningún concepto mientras se está haciendo el bizcocho.

Tener la picardía de dejar el bizcocho como dos minutos dentro del horno con el horno apagado, porque así no lo sacamos de repente y es mejor, porque a veces en ese proceso se nos baja.

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Espero que os haya gustado la receta. Es muy fácil de hacer y muy resultona, de verdad.

🙂

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Mi cerdo agridulce de hoy.

INGREDIENTES
250 gramos de solomillo de cerdo cortado en medallones.
Un pimiento verde
1/2 cebolla dulce
1/2 pimiento rojo grande.
Ajo molido
Sal
Pimienta blanca molida.
Una zanahoria mediana
Una lata pequeña de piña en almíbar
Salsa agridulce marca Fanya.
Harina con gasificante incluido de Doves Farm.
Un huevo.

Por un lado se pone aceite a calentar y cuando esté calentito se pone el pimiento verde, el medio pimiento rojo, la media cebolla y la zanahoria a que se vayan haciendo poco a poco, se echa la sal, un poco de pimienta blanca molida, un poco de ajo molido y sal.
Cuando las verduras están blanditas se pone la lata pequeña de piña en almíbar y se pone un poco del zumito de la piña y se deja hacer otro poquito, luego procedemos a poner la salsa agridulce.
Pasamos a rebozar el cerdo, yo he decidido rebozarlo con una harina de Doves Farm que lleva el gasificante incluído porque tiende a subir un poco y el rebozado se queda huequito. Se pasa por la harina, por el huevo y a freírlo, se pone en un plato con una servilleta para quitarle el aceite sobrante y se une a las verduras que habíamos hecho y se deja que se junten bien bien los sabores.
Muy, muy rico.

De guarnición, como no, arrocito rico rico. 🙂

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¿Hamburguesas ricas sin gluten?. Esperiencia Tommy Mel’s

Llevamos poco tiempo en el el tema de las expediciones celíacas y la verdad es que puedo decir que, de momento, estamos teniendo mucha suerte. Hasta ahora no nos hemos encontrado muchas frustraciones y todo funciona tan bien como debe.

Celivampi ya llevaba unos días afilándose los colmillos porque ya sabía que le iba a tocar comer una hamburguesa de las buenas y esta vez tocaba ir a Tommy Mel’s.

La verdad es que todo es muy facilito, llegas, saludas, pides la carta para celíacos que te traen amablemente, miras las opciones que tienes (desde lo más sanito a lo hipercalórico), te decides por lo que te apetece, pides y lo primero que te sorprenden son dos preguntas (porque un celíaco no está muy acostumbrado a que se las hagan). En la primera te preguntan por el tamaño de la hamburguesa, ¡claro! cuando uno está hecho a que se lo pregunten lo verá normal, pero mi situación hasta hace relativamente poco era hamburguesa tamaño estándar y punto… ¡Hablando de puntos!, la segunda pregunta que te hacen es el punto de la hamburguesa o cómo de hecha la quieres… ¡Madre mía!, uno no sabe a qué atenerse y se siente despistado, menos mal que me han enseñado que en el punto medio es donde está la virtud y una tira por venirse arriba y decir que la quiere al punto.

Todo muy rico, la gente amabilísima y con sumo detalle todo el rato. La verdad es que no podemos tener ninguna pega con el sitio porque está bastante a la altura de las expectativas de lo que uno puede imaginar. Nos fuimos sin comer postre… No podíamos más de lo llenas que estábamos tanto Bárbara como yo, nos queda pendiente la maravilla esa de helado de cerezas que tienen y la ensalada de frutas con yogur griego.

Tan sólo me gustaría apuntar una tontería, sí que me gustaría que en este establecimiento que está demostrando tanto compromiso dieran una opción de merendolas a la altura de las que tienen los no celíacos. No os vamos a engañar, cada vez que vemos en las redes sociales las fotos que subís de tortitas con nata y los batidos se nos cae la baba a litros. 🙂 y me imagino que tampoco es tan complicado una vez os habéis montado en el tren del compromiso con los celíacos (no os imagináis cuánto os lo agradecemos, de verdad).

Es siempre un placer acudir a sitios como este en el que te lo ponen todo tan fácil para que puedas comer fuera.

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¡¡Hasta la próxima entrada, chavales!! ❤ ❤

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A todas las celíacas y a madres de celíacos.

Ayer fue ocho de marzo, día de la mujer trabajadora.  Soy una persona que tiende a reflexionar bastante a pesar de mi aparente visceralidad y ayer me dio por pensar en que debía de escribir algunas líneas hablando de nosotras y vosotras.

Recordando mi niñez me pongo a pensar en exponentes de ayuda sin parangón  en mi recién diagnóstico (año 93) y de las primeras que me acuerdo es de mis abuelas, de mi tía (que era una segunda madre para mí) y de mi mi propia madre. Cuánto pienso en esas caras de desencaje cada vez que buscaban un producto en el libro de la asociación, el cuidado que ponían a la hora de ponerse a cocinar y la madurez con la que me enseñaron a llevar todo esto de una manera sana y siempre haciéndome entender desde el diálogo y la paciencia.

Tened en cuenta que por aquellos años ser celíaco no era ser de Marte, era ser de cuatro galaxias más para allá. Admiro como sin entender nada cambiaron su chip mental para poderme cuidar y como poco a poco nos fuimos creando un ámbito de confianza entre todas que me ayudó a hacerlo todo muchísimo mejor ya que ninguno hemos sido de marginalidad ni de segregación.

A las celíacas, a las celíacas y a esas madres de niños celíacos (que tenéis papeletas para ser también celíacas) es a las que os quiero dedicar esta entrada, porque se de primera mano que tenemos que trabajar más que muchos. Me refiero aquí a trabajo a sinónimo de esfuerzo. Esfuerzo para asumir todo un cambio en nuestras costumbres, esfuerzo para aprendernos todo lo que podemos comer y lo que no, esfuerzo para no tirar la toalla en los momentos de frustración, esfuerzo económico para asumir una dieta no apta para todos los bolsillos (y con sueldos en muchos casos inferiores), esfuerzos para estar al pié del cañón en una lucha diaria, esfuerzos para ponernos a cocinar y hacer comidas caseras que no haría cualquiera y, sobre todo, el esfuerzo de hacernos entender día a día con amigos, conocidos, gente que hace por comprendernos y gente que no nos da esa oportunidad, colegios, instituciones, restaurantes, bares… En fin, sabéis a lo que me refiero porque lo vivís día a día e intentando quitarnos la paranoia de que cada malestar no es por culpa de esa maldita proteína llamada gluten.

Me despido, no sin antes desearos mucho ánimo. Para eso estamos, para darnos el empujón diario y la energía que muchas veces falta. ¿Seguís creyendo que somos débiles?.

Un beso, esta vez a vosotras, porque os lo merecéis más que nunca.

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