A todas las celíacas y a madres de celíacos.

Ayer fue ocho de marzo, día de la mujer trabajadora.  Soy una persona que tiende a reflexionar bastante a pesar de mi aparente visceralidad y ayer me dio por pensar en que debía de escribir algunas líneas hablando de nosotras y vosotras.

Recordando mi niñez me pongo a pensar en exponentes de ayuda sin parangón  en mi recién diagnóstico (año 93) y de las primeras que me acuerdo es de mis abuelas, de mi tía (que era una segunda madre para mí) y de mi mi propia madre. Cuánto pienso en esas caras de desencaje cada vez que buscaban un producto en el libro de la asociación, el cuidado que ponían a la hora de ponerse a cocinar y la madurez con la que me enseñaron a llevar todo esto de una manera sana y siempre haciéndome entender desde el diálogo y la paciencia.

Tened en cuenta que por aquellos años ser celíaco no era ser de Marte, era ser de cuatro galaxias más para allá. Admiro como sin entender nada cambiaron su chip mental para poderme cuidar y como poco a poco nos fuimos creando un ámbito de confianza entre todas que me ayudó a hacerlo todo muchísimo mejor ya que ninguno hemos sido de marginalidad ni de segregación.

A las celíacas, a las celíacas y a esas madres de niños celíacos (que tenéis papeletas para ser también celíacas) es a las que os quiero dedicar esta entrada, porque se de primera mano que tenemos que trabajar más que muchos. Me refiero aquí a trabajo a sinónimo de esfuerzo. Esfuerzo para asumir todo un cambio en nuestras costumbres, esfuerzo para aprendernos todo lo que podemos comer y lo que no, esfuerzo para no tirar la toalla en los momentos de frustración, esfuerzo económico para asumir una dieta no apta para todos los bolsillos (y con sueldos en muchos casos inferiores), esfuerzos para estar al pié del cañón en una lucha diaria, esfuerzos para ponernos a cocinar y hacer comidas caseras que no haría cualquiera y, sobre todo, el esfuerzo de hacernos entender día a día con amigos, conocidos, gente que hace por comprendernos y gente que no nos da esa oportunidad, colegios, instituciones, restaurantes, bares… En fin, sabéis a lo que me refiero porque lo vivís día a día e intentando quitarnos la paranoia de que cada malestar no es por culpa de esa maldita proteína llamada gluten.

Me despido, no sin antes desearos mucho ánimo. Para eso estamos, para darnos el empujón diario y la energía que muchas veces falta. ¿Seguís creyendo que somos débiles?.

Un beso, esta vez a vosotras, porque os lo merecéis más que nunca.

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2 thoughts on “A todas las celíacas y a madres de celíacos.

  1. Pues sí, es cierto que nos toca trabajar más. Todo conlleva un trabajo mayor, hacer la compra, la comida, y la educación que es el pilar básico que debemos dejar a nuestros hijos. Pero qué quieres que te diga, que mi hija es “especial” tanto como lo son los hijos de los demás y rápidamente ha asumido su condición y con tres añitos dice, “yo soy celíaca y no como gluten”. Creo que de momento el trabajo es grande pero el resultado bueno. Y sí, es cierto, hay momentos de gran bajón, pero en ese momento viene la pequeñaja, te da un beso, te dice “mami eres la más mejor del mundo” y te vienes arriba.

    Besiños y gracias por esta entrada.

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