Polémicas de película (o la historia de un silencio).

La verdad es que hacía mucho tiempo que no publicaba una entrada en el blog. El calor ha hecho que se me derritan un poco las neuronas y no me he sentido especialmente inspirada para ponerme a escribir.

Quiero que el post de hoy sirva para esclarecer un punto de vista propio que ha resultado ser más polémico de lo que parecía en un primer momento. Se que mis opiniones a veces no son las más ortodoxas, pero creo que tras años de llevar mi celiaquía a cuestas puedo exponer una opinión que me he forjado hace muchos años y se me ha ido modelando como arcilla en el cerebro.

Todo empezó por una visita al VIPS, no se si sabéis que grupo VIPS ha cambiado de protocolo y ahora te ponen un camarero personal (que es al que forman sobre enfermedad celíaca), una pegatina, la carta de siempre, un mantel, un plato de color distinto y un cartel que ponen encima de la mesa que indica al camarero (que ya está formado) que tú eres el celíaco que está en el restaurante en ese momento.

Tras largas discusiones en foros de facebook y twits que han llegado a agotarme voy a contar mi opinión para todos aquellos que me han malinterpretado, me han llamado demagoga, me han dicho que voy de líder cuando es mentira y demás frases que me han dedicado por tener una opinión que se difiere de las del resto, he llegado a pensar en la existencia de algún socio capitalista por el derribo que llegué a soportar.

Cuando digo que es un trato de restaurantes como los del grupo VIPS y Fosters Hollywood son marginales es que es cierto, por etimología marginal es el que se queda al margen y no en el mismo punto en el que se encuentran los demás, el hecho de que te pongan la bandera y te ofrezcan un trato distinto es ponerte al margen del resto de la gente. Para algunos puede resultar positivo, para mí desde luego no.

Cuando digo que es discriminatorio también es cierto, porque discrimina, discriminar viene a ser lo mismo, pero más feo, si un celíaco tiene que tener este trato me imagino que cualquiera que tenga algún problema con cualquier otro alimento también deberían marcarle, pero eso debe ser demasiado lío a nivel empresarial.

¿Discriminatorio, estamos seguros de que es discriminatorio?. Discrimina en cuanto a que a todo el mundo no se le trata igual, lo que hace que sea poco democrático a todos los niveles, no cuenta con el usuario al que le puede gustar o no que le pongan ese cartel, porque ni si quiera se le plantea si quieren que se le ponga o no, cuando tendrían que pedir permiso, en cuanto que no me lo piden y no me dan opción a elegir dejo de ser menos libre que el resto. Entiendo que lo hacen para limpiarse las manos si les pasa algo, en cualquiera de los casos, VIPS y Ginos lleva ofreciendo bastante tiempo opciones sin gluten y no me siento más segura con el cartel que sin él, ya que si entrase en el mundo de la paranoia me pondría a pensar en cocinas, en harinas volátiles, en lo que ha tocado el cocinero antes que tocar mis tortitas y no lo hago ahora, pero porque tampoco lo hice antes. Porque me imagino que si tienen el compromiso de la difícil tarea de ofrecer comida sin gluten, es porque es un compromiso serio del que soy consciente o eso intento y por eso deposito mi confianza en ellos.

Por otro lado, no olvidemos que no hay un protocolo de atención al celíaco en el restaurante, eso nos hace comparar y por mi parte está claro que jamás iré a un sitio en el que me distinguen de los demás, sobre todo porque no tienen que hacerlo, porque soy un ser humano igual que cualquiera.

Para mí integración es igual a igual trato a las personas, que cualquiera tenga derecho a lo mismo independientemente de sus circunstancias personales. Y aquí no veo igualdad o no termino de verla.

También es cierto y en honor a la verdad he de decir, que Grupo Vips no es consciente de la batalla social del celíaco. No tenemos bastante con que tenemos un problema alimentario si no que lo tenemos social porque a pesar de que la enfermedad es conocida a nivel clínico hace muchos años, no ha tenido repercusión ni visibilidad ninguna. Siempre hemos sido unos segundones a los que no se nos ha hecho demasiado caso. Incluso mucho médico que no ha querido formarse acerca de nuestra existencia, cuando nos mandan medicamentos que pueden tener o no gluten o nos tienen que diagnosticar dolencias que están intimamente ligadas a la celiaquía, pero que como no lo saben, nos marean hasta puntos insospechados hasta dar con lo que pasa en realidad (si es que dan con el chiste). Añadamos a eso esa moda de dieta sin gluten que ahora parece tener todo el mundo y la criminalización del mismo como si fuera el foco del ochenta por ciento de los problemas de la humanidad de hoy en día. la cantidad de famosos que se piensan que comer sin gluten cura el cáncer, que es más sano a todos los niveles, la cantidad de deportistas que rezan que comer sin gluten les ha cambiado la vida y ahora son campeones mundiales gracias a eso…En fin, lo que quiero decir es que hay mucha desinformación y mientras esta desinformación exista y la sociedad no entienda lo que es un celíaco esa banderita no es una buena solución para hacer un protocolo de atención al celíaco, básicamente porque la gente tiene el concepto del celíaco como del pijito que come sin gluten porque le apetece y porque va de modernito y se puede gastar el dinero en comida sin gluten porque lo tiene y porque puede permitírselo. El problema es la visión que todavía se sigue teniendo del celíaco a pesar de la lucha.

En contraposición a la banderita… Formación del personal. A más formación, menos problemas. La bandera no hace falta si empiezan a ver las cosas con naturalidad y hacen las cosas como deben, de poco me sirve que me pongan la banderita si luego me imagino al cocinero entrando en pánico porque le piden un plato sin gluten de los que ofrecen.

Por otro lado, entiendo que en estos días, las leyes se entienden según como las lee cada persona y de la forma que las concibe, pero no puedo dejar de recordar esto.

B) El derecho a la intimidad se vincula a la esfera más reservada de las personas, al ámbito que éstas siempre preservan de las miradas ajenas, aquél que desea mantenerse oculto a los demás por pertenecer a su esfera más privada (SSTC 151/1997, de 29 de septiembre), vinculada con la dignidad y el libre desarrollo de la personalidad (art. 10.1 CE). De esta forma el derecho a un núcleo inaccesible de intimidad se reconoce incluso a las personas más expuestas al público (STC 134/1999, de 15 de julio). La intimidad, de acuerdo con el propio precepto constitucional, se reconoce no sólo al individuo aisladamente considerado, sino también al núcleo familiar (SSTC 197/1991, de 17 de octubre o 231/1988, de 2 de diciembre).

Podréis tomároslo a risa, que de hecho se que muchos lo hacéis, pero a mí me parece fundamental.

Espero que quede clara mi postura y queden explicadas las razones por las que no me gusta que me marquen. De hecho, lo único que me ha molestado es el cartel, el plato de distinto color ya lo ponían y el mantelito me parece buena cosa, es el cartel el que no me gusta y es el que he comunicado en mis reclamaciones al restaurante.

Un saludo a todos. Espero que mi entrada haya servido para esclarecer mi punto de vista y hacerme entender mejor.

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5 thoughts on “Polémicas de película (o la historia de un silencio).

  1. Suscribo todas y cada una de tus palabras
    En estos 17 casi 18 años q llevamos en éste mundo #singluten, mi/nuestra lucha ha sido, es y será la de ‘normalizar’ la vida social del celíaco, es decir, conseguir su integración en todos los aspectos sin diferenciarles en nada del resto, sòlo comemos diferente (entre comillas) pero no pir ello nos merecemos un trato distinto, ni una etqueta en la frente q indique nuestra condición celïaca a la vista de todo el mundo.
    El q ofrece un menú o carta sin gluten, lo tiene q hacer con todas las consecuencias, si no, no lo ofrezcas pirq solo generas desconfianza al tener q estar señalizando lo q llevas en las manos. Con un poco de información es más q suficiente, las etiquetas sobran.
    Ya estamos nosotros pendientes de lo q nos ponen y tenemos una boca q igual q decimos al llegar, somos celíacos, podemos preguntar cuando nos ponen nuestra comida, si es sin gluten.
    Yo no quiero etiquetas, ni platos precocinados listos para servir después de pasar por el microondas q ofrecen por ‘comodidad’ desde las asociaciones, a ciertas cadenas.
    Normalizar nurstra vida social es poder elegir en una carta (no pido toda la carta) y q me lo cocinen en el momento como a todo hijo de vecino. Asi sigo y así seguiré
    Saludiños

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  2. Estoy contigo, ser celiaco ya es suficiente cartel como para que encima te señalen así, no por ponerte una banderita, en mi opinión, tienen que hacer las cosas mejor en cocina. En aquellos restaurante que no siguen esta política… ¿Qué pasa, no pueden hacer las cosas bien?! Da que pensar…
    No nos engañemos comer fuera de casa, que si es un sitio que tu controlas, es un acto de fe para un celiaco por eso mismo confías cuándo un restaurante te ofrece comida sin gluten, crees en su capacidad de poder hacer las cosas bien, sino no podrías salir de casa a comer y lo hacemos y no por eso nos ponemos malos sistemáticamente. Uno de los peores tragos para un celiaco es que lo señalen, lo marquen y lo etiqueten, amen de comer sin gluten de por vida pero esa circunstancia la acabas aceptando y asumiendo, pero que te señalen te sientes un bicho raro y con un protagonismo que no se desea… A eso no se acostumbra uno.

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  3. Yo no soy celíaco, pero veo muy coherente todo lo que dices. No me imagino que en una mesa se ponga la banderita israelí para señalar al judío que no puede tomar ciertos alimentos prohibidos por la religión, o la media luna para distinguir al musulmán. Es más, seguro que si se hiciera eso en algún restaurante habría quien lo denunciaría y lo compararía con los guetos de cualquier época de la historia. Las banderitas sobran.

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